Salvados de las aguas.

El cielo está cubierto y amenaza lluvia; nada inusual en un lugar cualquiera de Guatemala. Entonces la lluvia empieza a caer, primero poco a poco, pero luego más y más hasta hacerse imparable. Ya llegan los huracanes; uno tras otro, como desde tiempo inmemorial. La cita anual de la creación y de la destrucción concluye en la visión de campos anegados, carreteras cortadas, casas invadidas por el lodo. La lluvia cae para todos y modela el paisaje de la selva y el carácter de sus pobladores.

Vivien Suter

Son como objetos vivientes, es decir, no son solamente cuadros pintados.

Vivian Suter


Vivian Suter

El agua entra sin ningún miramiento en el estudio de la pintora, manchándolo todo, disolviendo la pintura, arrugando las telas, embadurnándolas de fango y hojarasca en putrefacción. El desastre era esperado y previsible en una región acostumbrada a los ciclos implacables de la naturaleza. De nuevo habrá que construir las carreteras arrastradas y levantar los puentes derribados. De nuevo habrá que pintar las fachadas de las casas mientras la selva se regenera.

Después de la catástrofe, el estudio de la pintora debe renacer. Para ello, lo primero es aclarar las telas fangosas y quitarles el sedimento, pero los pigmentos sufrirán las consecuencias y se irán por el desagüe. Después, hay que colgar las telas al sol en improvisados tendederos, como los que se construyen en las terrazas para que las sábanas se sequen bajo la luz del sol cegador y se muevan con el cálido viento del verano.

Están unas pinturas hablando con otras, como estableciendo una comunicación…

Vivian Suter


Así se quedaron las telas pintadas, como sábanas tendidas de una casa poblada por una multitud colorista. Telas que parecen banderas de países imaginarios, que parecen paisajes oníricos, que parecen animales, o que no parecen nada.

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El paisaje que vemos puede crear un sentimiento ambivalente. Quinientos lienzos juntos son una cantidad abrumadora de obras, pero por su disposición —colgadas en paralelo—, apenas se ven las que están en primera fila, y su aspecto es descolorido y fláccido, quizás decepcionante o incomprensible para muchos. Con un discurso no obvio, irrelevantes a primera vista, como hechas con desgana y a toda prisa por una mano inexperta.

La abstracción está en todas ellas, en parte a causa de la manipulación de la pintora, en parte como consecuencia de las contingencias de la naturaleza. La pintora tuvo la necesidad de pintar directamente de la mente, dejando caer la pintura de una manera incomprensible y, después, Gaia hizo su parte.

Vivian Suter

La exposición nos recuerda que estamos en la naturaleza y que no podemos escapar de ella, porque somos parte de ella, estemos en donde estemos.

Al ver las telas colgadas las siento como una premonición de lo que ocurrirá con nuestras preciadas obras de arte cuando el cambio climático ejecute todo su potencial destructor sobre las bellezas de Venecia, Ámsterdam, Nueva York, Cádiz, y cualquiera de los miles de asentamientos construidos a nivel del mar. Cuando llegue el momento, nadie podrá rescatarlas y reubicarlas a salvo en un lugar seguro bajo el sol. Los bellos colores de los frescos antiguos se disolverán; por sus palacios y catedrales nadarán los animales sobrevivientes; y sobre la lámina de agua se verán sus cúpulas en proceso de colapso.

Vivian Suter pudo rescatar las pinturas que ahora nos muestra en los tendederos efímeros. Las vemos como si fueran banderas de un mundo imaginado, o cortinas, o tapices de un palacio que nunca existió. A Vivian le gustaba verlas ondear al viento suave que quedó rezagado después del paso del huracán.

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Vivian Suter

Quienes visiten la exposición, podrán disfrutar de un bonus especial con una selección de obras de los años 80, es decir, previas a las que proceden del estudio anegado por los huracanes.

Estas obras están llenas de trazos de color, son vitales y abstractas, y aunque están clavadas en la pared no son cuadros al uso. Sus formas son también abstractas y en su superficie vemos dobleces. Las vemos decorando la pared, pero no parecen cuadros. Se diría que Vivian Suter detesta la pintura tradicional, de la que solo utiliza sus pigmentos y disolventes. Todo lo demás, empezando por la misma forma de la obra, es innovador.

Vivian Suter

La abstracción de aspecto arqueológico que nos enseña Vivian Suter alcanza su quintaesencia en un par de piezas que son un tríptico y una obra independiente. Al verlas, se tiene la impresión de estar viendo restos de obras antiguas rescatados de un desastre sin precedentes; la tela desclavándose, la pintura desprendiéndose, y la suciedad que parece impregnarlo todo. ¿Por qué están estas obras así? ¿Cómo fueron antes? ¿Qué les ha pasado? ¿Cuál es su historia?

Vivian Suter

La artista no informa de más, las obras se muestran sin cartelas que aporten alguna información. Ante eso solo nos queda imaginar. Podrían proceder de un salón expuesto a las inclemencias del clima y a los estragos de los hongos tropicales. Podría ser el despojo de un cuadro exquisito.

Pero también, estos cuadros podrían haber sido concebidos así, con todas sus deformidades e imperfecciones, y para que los apreciemos por lo que son, ajenos a las formas y convenciones del arte académico. 

La cualidad artística, e incluso la belleza, están también aquí, en estos paisajes abstractos que parecen rescatados de un palacio en ruinas. Algún día, todos los cuadros terminarán así.

Vivian Suter
Vivian Suter
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