Declaración

El rastro del tesoro

Abro los ojos y observo el mundo...

Abro los ojos y observo el mundo, tan abigarrado y lleno de distracciones. A veces parece que todo es trivial, funcional o irrelevante. Cuesta comprender lo que pasa; hay demasiada confusión y barullo; pero a veces entre el caos y el ruido encuentro tesoros ocultos que me ayudan a soportarlo mejor. En realidad, siempre están al alcance de todos, pero casi nadie les presta atención. Son accesibles, pero permanecen escondidos, y para muchos es como si fueran invisibles. Precisamente eso los hace más sorprendentes y asombrosos, como cuando durante un paseo se descubre un animal llamativo oculto entre la hojarasca.

©pexels-302100

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Gente de todas las épocas ha dedicado vidas enteras y un esfuerzo ingente a producir los objetos extraordinarios de los que ahora yo disfruto. Ellos, ajenos a mi contemplación, y yo, ignorante de sus motivaciones profundas. Carezco del conocimiento y de la erudición, pero da lo mismo; utilizo su legado para disfrutar del mundo y para sentirme mejor. Veo una obra de arte y descubro las historias del pasado, conozco los signos del presente e imagino el futuro. La veo y me conmueve y me ayuda a sobrevivir en medio del caos y de las angustias de la vida.

Es extraño que unos simples pigmentos químicos y unos bloques de roca me ayuden a comprender mejor las pasiones humanas, si es que se pueden llegar a comprender. Pero así es. El encuentro con la obra puede mover mi corazón y mis entrañas, paralizar mi aliento e incluso causarme placer y dolor; a veces, simultáneamente, melancolía y excitación. Sea como sea, es un encuentro deseado y buscado; tan extraña es la poesía material que entra por los sentidos.

©Pixabay-5524961_640

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