La obsesión de la puerta negra

Nunca me enseñaron a pintar a mi manera. Pensé que alguien podría decirme cómo pintar paisajes, pero nunca encontré a esa persona, así que tuve que conformarme con intentarlo yo. Pensé que alguien podría enseñarme, pero descubrí que nadie podría hacerlo. Podrían decirme cómo pintar su paisaje, pero no cómo pintar el mío.       Georgia O'Keeffe

Decidí que iba a empezar a hacer algunos dibujos. Pensé que tenía algunas cosas en la cabeza que nunca había plasmado, que nadie me había enseñado, y que iba a empezar con el carboncillo sin usar ningún color hasta que consiguiera hacer lo que quería con el carboncillo o la pintura negra.       Georgia O'Keeffe

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Georgia O'Keeffe consiguió su sueño juvenil de dejar la ilustración comercial y la enseñanza, y dedicarse a pintar. Tuvo el valor de intentarlo, y la fortuna de hacerlo en el momento adecuado y el lugar adecuado; la fortuna gusta de favorecer a los audaces. 

Georgia, nacida en 1887, era mujer joven, sin recursos económicos y con limitada formación. Vivía en un lugar tan alejado de las incipientes vanguardias de París y Zúrich como eran los Estados Unidos antes de que las guerras mundiales los elevaran a la categoría de superpotencia mundial. De modo que, para empezar, no parece que una mujer así tuviera muchas posibilidades para triunfar en un mundo artístico dominado por los hombres que pintaban al otro lado del océano.

Durante el día estaba ocupada así que hice la mayoría de esos dibujos por la noche. Me senté en el suelo y trabajé apoyada contra la puerta del ropero.


Los ojos pueden ver formas. Es como si mi mente creara formas que no conozco. Tengo esa forma en mi cabeza y a veces se de donde viene y a veces no.

Georgia O'Keeffe

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Pero dio el paso y conoció al galerista adecuado cuando se atrevió a exponer en Nueva York. A él no sólo le gustaron sus obras, sino que también le gustó ella, hasta el punto de que poco tiempo después se convirtió en su marido. Pero el destino es cruel y el desafecto acabó apareciendo, lo que, para su desgracia, sumió a O'Keeffe en una crisis personal y artística. 

Superviviente del tifus, del sarampión y del desamor de su marido, O’Keeffe encontró su paraíso personal en el arte, en la naturaleza extensa y entonces todavía prístina en algunos lugares de América, y quizás también en una nueva compañía.

No conozco ningún otro caso en el que una persona haya comprado un vano, o un umbral, y haya hecho de él un eje de su existencia. O’Keeffe descubrió un espacio vacío en un muro semiderruido en mitad del desierto, y se lo quiso quedar. Se obsesionó con él, lo pintó y, finalmente, después de haber vivido noventa y nueve años, cruzó la puerta oscura para ya no volver jamás.

Cuando vi Abiquiu, la casa era una ruina con un muro de adobe alrededor del jardín que estaba roto en un par de sitios por los árboles caídos. Trepé por la ruina y descubrí un pozo con un cubo para sacar agua. Era un patio bastante grande con un muro alargado que tenía una puerta en un lado.


Ese muro con una puerta tenía que ser mío. Me costó diez años conseguirlo y tres más arreglar la casa para hacerla habitable. En todo ese tiempo pinté ese muro y esa puerta muchas veces.


Los cuadrados que aparecen en los cuadros son baldosas que realmente estaban allí, así que el cuadro no es abstracto; es bastante realista. Siempre trato de pintar esa puerta, pero nunca lo consigo… Es una maldición.


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Prefiero estar aquí más que en cualquier otro sitio.

Para mí, vivir en un extremo del mundo tan alejado que casi nadie vendría a verme es una forma de vida, y me gusta.

     Georgia O'Keeffe

Aquella mujer que cambió el bullicio exitoso de Nueva York por una ruinosa casa de adobe en mitad de ninguna parte, se acabó convirtiendo en uno de los símbolos artísticos de la modernidad, de los Estados Unidos, y de la lucha de las mujeres por un mundo más igualitario.

Más de un siglo después de su primera exposición, se subraya el dato de que O’Keeffe era una mujer, aunque ella se consideraba simplemente una artista, y no le gustaba ser llamada “mujer” artista.

Muy a su pesar O’Keeffe se ha convertido en un modelo para las mujeres interesadas en la práctica del arte, y en un referente para la reivindicación feminista. Pero su vida y su obra pueden inspirar tanto a mujeres como a hombres.

O'Keeffe
O'Keeffe

Apenas pintó personas, y cuando lo hizo, las representó irreconocibles. Más bien era una paisajista, una pintora de naturalezas muertas, o una pintora de flores.

Sus cuadros enlazan con esas temáticas tradicionales en la historia del arte, pero fue capaz de darles un tremendo aire de modernidad y un toque absolutamente personal que deriva en representaciones abstractas en las que el observador acaba por no reconocer una realidad obvia.

En los cuadros de Georgia O`Keeffe vemos su amor infinito hacia la naturaleza y su capacidad de encontrar fascinantes pequeños detalles que otros ni siquiera ven: los pétalos, los estambres, las nubes, las rocas, las colinas, los barrancos.

Ella se propuso magnificarlos y dignificarlos, proporcionándoles el rango de lo épico.

O'Keeffe
O'Keeffe
O'Keeffe

No se puede pintar Nueva York como es, sino como uno realmente lo siente.


[La flor] la pintaré grande, para que todos tengan que pararse a mirarla.


Empecé a recolectar huesos porque no había flores.

     Georgia O'Keeffe

O'Keeffe
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El territorio tejano que conozco son las llanuras. Era una tierra como un océano en todas direcciones. A casi nadie le gusta, pero a mí me encantó.

Todos los colores de la paleta del pintor están allí, en toda la extensión de los páramos. Del amarillo de Nápoles claro hasta los ocres, y los colores naranja y rojo y púrpura de la tierra, incluso los suaves verdes terrosos.


Cuando llegué a Nuevo México lo hice mío. Tan pronto como lo vi, lo reconocí como mi tierra. Nunca había visto antes nada así, pero encajaba conmigo perfectamente. Es algo diferente que hay en el aire… El cielo es diferente, las estrellas son diferentes, el viento es diferente.

O'Keeffe


Aquí me siento en casa, me siento tranquila, mi piel se siente cercana a la tierra cuando camino por las colinas rojas.

 Qué lugar tan maravilloso, intacto y lleno de soledad; lo que yo llamo La Lejanía.

     Georgia O'Keeffe

Podemos imaginar esos paisajes, tan vulgares y despreciados, y esas flores, tan comunes y pequeñas, como seres que han sido rechazados —como ella también lo fue—, por no ser los más bellos, grandiosos y atractivos, pero que, sin embargo, merecen atención, respeto y dignidad.

Esas colinas que a tanta gente les parecen vulgares y anodinas, esos secarrales aburridos por los que todos pasan deprisa para ir a otros sitios más espectaculares. Esos paisajes áridos y polvorientos en los que ella encontraba sus queridas osamentas de rumiante. Allí es donde ella quiso retirarse, y pasar el resto de la eternidad.

O'Keeffe
O'Keeffe

Hay algo inexplicable en la naturaleza que me hace sentir que el mundo está mucho más allá de mi entendimiento; quizás pueda entenderlo tratando de representar sus formas. Encontrar la infinidad en la línea del horizonte o detrás de la siguiente colina.       Georgia O'Keeffe.


 

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