La mirada fantasma

Las paredes blancas y las estancias vacías. Así se presenta actualmente la casa natal de Goya; sencilla, como desnuda por dentro, humilde hasta el extremo. Apenas unos cántaros alrededor del hogar y un cuadro de Zuloaga, a quien debemos la identificación del edificio —en 1913—, y la iniciativa de su conservación.

Zuloaga

Así nos ha llegado; sin nada original que ver en su interior, como si fuera únicamente un lugar en el que recordar e imaginar, un lugar para usar la memoria y la imaginación más que los ojos.

Sin embargo, ¡qué sorpresa! Subir las escaleras y encontrar en la alcoba un único objeto; un retrato inventado que representa a Goya dibujando sobre una mesa.

Fernando Martín Godoy

Goya aparece como una pequeña figura con camisa blanca en el centro de un fondo negro, sobre la que cae un chorro de luz cenital, como si fuera un actor observado a mitad de una representación teatral. Vemos que el dibujante está concentrado en su obra sin que le moleste nada más. Ojalá Goya hubiera tenido tanta tranquilidad en su vida. Ni su rostro, ni su cabello son como los del célebre retrato de Vicente López, en cambio, su aspecto es más joven y más contemporáneo. Pero está en el lugar adecuado; el niño que nació aquí, iba a dedicar toda su vida a la única misión de pintar y dibujar.

En la sala contigua hay una instalación en la que se ven retratos de otros artistas, dispuestos y enmarcados como si fueran pequeñas imágenes para el recuerdo de antepasados o de familiares queridos. Cada uno con un formato y tamaño diferente, pero todos en blanco, negro y gris; algunas como aquellas fotografías antiguas de formato oval tan populares a comienzos del siglo pasado.

Fernando Martín Godoy

Pero, aunque en la distancia parezcan fotografías antiguas en realidad no lo son. Se trata de obras hechas con la difícil técnica de la tinta china manejada como si fuera una acuarela.

El trazo y las capas de tinta son sencillas, casi elementales, sin incorporar detalles innecesarios, sin errores. En las imágenes hay sombras y penumbras, pero también brillos y luz.

El autor de todas estas obras es Fernando Martín Godoy (Zaragoza, 1975). Su obra es limitada en colores, pero extensa en significado y muy evocadora.

En esta ocasión no ha pintado edificios o calles, sino que se ha centrado en retratos de artistas cuyos modelos no son los auténticos, sino personas que se les parecen, como se hace habitualmente en el género del biopic cinematográfico. Homenajes a pintores con los que se siente en deuda y que forman parte de su biografía artística o casi personal, como cuenta en el folleto explicativo de la exposición. Entre ellos, solo Goya es representado en el acto de pintar, los demás, por una vez, nos miran a nosotros.

“[Goya] no es solo una persona a la que admiro, es una persona a la que quiero.”

Fernando Marín Godoy

Listado de los artistas representados:

  • Francisco de Goya, 1800
  • Gwen John, 1900
  • Vilhelm Hammershoi, 1890
  • Jean-Baptiste-Camile Corot, 1825
  • Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, 1625
  • Giovanni Bellini, 1480
  • Francisco Bayeu, 1756
  • Hans Holbein el Joven, 1540
  • Alonso Cano, 1660
  • Käthe Kollwitz, 1890
  • Louise Bourgeois, 1960
  • Marlene Dumas, 1983
  • Paula Modersohn-Becker, 1900
  • Pablo Picasso, 1906
  • Rembrandt van Rijn, 1629
  • Tiziano Vecellio, 1520
  • Jusepe de Ribera, 1610


 

Para saber más:

  • A partir de la exposición celebrada aquí, en agosto de 2021, con motivo del 275 aniversario del nacimiento de Francisco de Goya.
  • Página web del autor.


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